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Ing. Guillermo Kuster, Lube Engineer – Oil Analysis Technician.

Hoy nos detendremos en una de las más populares “falacias” (engaños) que se practican en el tema lubricantes, ya que son argumentos que parecen válidos, pero en realidad no lo son. No obstante ello, queremos dejar muy claro que no es nuestra intención señalar desde aquí a todos los que las ejecutan como embusteros, porque sabemos fehacientemente que en la gran mayoría de los casos ignoran lo absolutamente inútiles que son las mismas, y por ello no debe de atribuírseles entonces la intención del engaño. A pesar de el fácil acceso que por suerte tenemos hoy en día a la información, continuamente observamos a referentes del tema mantenimiento mecánico depositando unas gotas de aceite del motor entre sus dedos, presionarlas suavemente, y luego separarlos hasta que la película de aceite se corte. 

Toda la maniobra se realiza con un gesto serio, casi de ceño fruncido y cara de rigor científico, para que luego de un minucioso análisis, que no tardó más de cinco segundos en realizarse, escuchemos un diagnóstico claro, contundente y definitivo del estado del lubricante y sus expectativas de uso. Siempre que hemos asistido a estos procedimientos invariablemente le consultamos a quien los realizaba que es lo que controla, y cómo obtiene tanta información para diagnosticar lo que sucede con el aceite en tan solo unos segundos. El 90% de las respuestas ha sido viscosidad, aunque en el porcentaje restante de las mismas el nivel de experticia ha ido mucho más allá, determinando también hollín, agua, combustible, y hasta aditivos del aceite. Sin la más mínima intención de ofender ni herir la sensibilidad de nadie, sino con la idea de arrojar luz sobre el tema, todo esto es un verdadero disparate. 

El tacto es un sentido realmente fantástico para innumerables actividades, pero aun así no es válido para análisis de lubricante; para ello son necesarios otros conocimientos, equipos, materiales y métodos de ensayos. Todas las máquinas que realizan algún trabajo físico tienen algo en común, desde las más sencillas hasta las más complejas, sin excepción, necesitan indispensablemente lubricantes para poder funcionar; a partir de ello podemos reflexionar acerca de la delicadeza y complejidad del asunto, para tratarlo (aunque sea por desconocimiento) con tal abrumadora falta de seriedad. Para entender la real dimensión del tema  aportamos algunos datos: Shell, que es la empresa que por lejos más invierte en investigación y desarrollo tecnológico en el mundo, en el año 2013 dispuso de 1100 millones de dólares para este fin solamente en el área de lubricantes. 

Se puede afirmar que el aceite es la sangre del motor, y sin lugar a dudas de él depende la salud y la longevidad del mismo, por eso elija  siempre el mejor lubricante, y cuando lo necesite, un servicio de asesoramiento y diagnóstico con respaldo serio.